Trastorno de Ansiedad Generalizada

¿qué es?

Trastorno de ansiedad generalizada: criterios diagnósticos y características

Actualmente el término ansiedad se utiliza para un sinfín de situaciones que pueden provocar reacciones o síntomas parecidos a un verdadero trastorno, sin embargo siempre es pertinente realizar un diagnóstico correcto para que el tratamiento también sea el adecuado.

De acuerdo al DSM IV – TR (American Psychiatric Association, 2000) los criterios para diagnosticar un Trastorno de Ansiedad Generalizada son los siguientes:

A. Ansiedad y preocupación excesivas (expectación aprensiva) sobre una amplia gama de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que se prolongan más de 6 meses.
B. Al individuo le resulta difícil controlar este estado de constante preocupación.
C. La ansiedad y preocupación se asocian a tres (o más) de los seis síntomas siguientes (algunos de los cuales han persistido más de 6 meses).
Nota: En los niños sólo se requiere uno de estos síntomas:
– inquietud o impaciencia
– fatigabilidad fácil
– dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco
– irritabilidad
– tensión muscular
– alteraciones del sueño (dificultad para conciliar o mantener el sueño, o sensación al despertarse de sueño no reparador)
D. El centro de la ansiedad y de la preocupación no se limita a los síntomas de un trastorno; por ejemplo, la ansiedad o preocupación no hacen referencia a la posibilidad de presentar una crisis de angustia (como en el trastorno de angustia), pasarlo mal en público (como en la fobia social), contraer una enfermedad (como en el trastorno obsesivo-compulsivo), estar lejos de casa o de los seres queridos (como en el trastorno de ansiedad por separación), engordar (como en la anorexia nerviosa), tener quejas de múltiples síntomas físicos (como en el trastorno de somatización) o padecer una enfermedad grave (como en la hipocondría), y la ansiedad y la preocupación no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno por estrés postraumático.
E. La ansiedad, la preocupación o los síntomas físicos provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
F. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo) y no aparecen exclusivamente en el transcurso de un trastorno del estado de ánimo, un trastorno psicótico o un trastorno generalizado del desarrollo.

Como podemos observar, el Trastorno de Ansiedad Generalizada, no se reduce únicamente a un estado de preocupación; para llegar al estado psicopatológico, el paciente ha desarrollado un conjunto de síntomas anímicos, cognitivos y somáticos.

Síntomas anímicos

La ansiedad se pone de manifiesto por una sensación de nerviosismo, preocupación, situaciones amenazantes (reales o irreales), temores difusos, inseguridad, aprensión, e inquietud física. Segarra, Eguiluz y Guadilla (2001) señalan que éste conjunto de síntomas forma lo que se ha denominado como humor ansioso.

Por otro lado, cuando la Ansiedad Generalizada es aguda y persiste en el sujeto durante largos períodos de tiempo, éste puede sufrir estados de rigidez afectiva, caracterizados por un tipo de “congelación” o “enfriamiento” de las emociones por un lapso indeterminado o incluso volverse crónico. (Gradillas, 1998).

Síntomas cognitivos

Las alteraciones cognitivas son las más variables, por ello es necesario identificar por área qué funciones se han visto afectadas:

  • Alteración de la memoria: Consiste en el típico ejemplo del alumno que se queda con la “mente en blanco” al momento de realizar el examen. A esto se le conoce como dismnesia y es uno de los síntomas menos graves que se pueden observar en situaciones que generan un alto nivel de ansiedad. La dismnesia provoca que la persona no logre recordar un determinado material en un momento en específico y una vez trascurrida la situación de ansiedad, el paciente puede recordar esa información sin dificultad alguna. (Higueras y López, 1996).
  • Alteraciones perceptivas y de la conciencia: Algunos pacientes con TAG han señalado que sus vivencias perceptivas son más intensas de lo normal, a esto se le denomina hiperestesia. Consiste en las molestias que el sujeto percibe al momento de amplificar perceptivamente el ruido, las luces u otros estímulos del mundo que lo rodea. (Guadilla y Segarra, 2001).
  • Alteraciones de la atención: La teoría de la Hipervigilancia desarrollada por Eysenck (1992) consiste en explicar el sesgo atencional que se genera en pacientes con TAG. El sujeto permanece en un constante rastreo de estímulos ambientales para detectar cualquier posible amenaza. En un primer momento, el espectro de atención es bastante amplio y es muy fácil que se evalúen estímulos neutros o irrelevantes como amenzantes, posteriormente, una vez que el sujeto ha fijado su atención en lo que ha percibido como un peligro potencial, ésta capacidad se ve sesgada ya que le es imposible desviarla hacia otros estímulos tranquilizantes o positivos.
  • Alteraciones del pensamiento: En el TAG se produce un sesgo con el estado de ánimo. Los sujetos con este trastorno poseen esquemas disfuncionales que constituyen una vulnerabilidad cognitiva para el desarrollo de la ansiedad. Así, las personas vulnerables al desarrollo de TAG, disponen de un conjunto de esquemas relativos a la amenaza. Estos esquemas ansiógenos dirigirán el procesamiento haciendo que el sujeto atienda selectivamente los estímulos internos y externos como amenzantes, desarrolle interpretaciones no objetivas y almacene esa información en su memoria como un peligro. (Arcas y Vindel, 1999)

Síntomas somáticos

La sintomatología somática es múltiple y varía de una persona a otra. Los síntomas más comunes son: sudoración, taquicardia, opresión en el pecho, falta de aire, temblores, náuseas, malestar digestivo, alteraciones de la alimentación, tensión o rigidez muscular, cansancio, hormigueo, mareo. En casos más agudos, pueden presentarse alteraciones del sueño como insomnio, pesadillas, hipersomnia diurna), la alimentación se ve afectada por la falta o el aumento de apetito, también se puede presentar una afectación en la respuesta sexual del sujeto (inhibición del deseo, impotencia y anorgasmia) (Gándara y Fuertes, 1999).

No es necesario que al sujeto con TAG viva algún suceso traumático para llegar a la sintomatología antes mencionada, por el contrario, existen diversos temas comunes y cotidianos que generan ansiedad y preocupación, Craske y Barlow (2006) mencionan las siguientes áreas como las más frecuentes:

  • Salud: Preocupación por posibles problemas de salud de uno mismo o de otros, imágenes de enfermedad, preocupación por la incapacidad de afrontar la propia enfermedad o la de otros.
  • Amigos/familia: Preocupación por ser un buen progenitor o amigo, por la felicidad, bienestar o seguridad de la familia o amigos y por si se está haciendo las cosas adecuadas respecto a ellos. Las preocupaciones sociales parecen tener más peso a la hora de predecir la tendencia general a preocuparse (Dugas y Ladouceur, 1997).
  • Trabajo/estudios: Preocupación por cumplir metas o expectativas, realización de tareas, competencia con colegas o compañeros.
  • Economía: Preocupación por deudas, por tener suficiente dinero para cubrir las necesidades o para el futuro.
  • Tareas cotidianas: Tráfico, tareas domésticas, situación local, etc.

En resumen, podemos decir que el TAG consiste en una respuesta anímica, fisiológica y conductual ante estímulos generalmente cotidianos. El sujeto vive en un estado crónico de alerta y activación, donde cualquier estímulo puede ser asimilado como una amenaza o peligro para su integridad.