art brut: El puente entre arte y terapia

“Del arte proceden las cosas cuya forma está en el alma”

– Aristóteles, c. 330 a.C.

A lo largo de los siglos ha sido muy complejo llegar a un acuerdo o a una sola definición de lo que es el arte. Sin embargo, muchas de las propuestas coinciden en que el arte pone de manifiesto todo aquello que guardamos en el alma o en el inconsciente. Sea cual sea la corriente artística, el arte nos permite expresar cosas que de otro modo no seríamos capaces. 

En el mundo clásico, música y poesía eran consideradas como expresión de una relación entre armonía y salud, usándose estas expresiones artísticas como un anestésico en caso de falta de equilibrio o salud mental. Sin embargo, hasta aquí, seguimos sin poder definir;

  • si en realidad todo arte es terapéutico sin importar si el autor tiene o no una formación artística, ya que parece imposible involucrarnos con una experiencia creativa sin que vaya de por medio nuestra subjetividad.
  • o, por el contrario, se necesita tener la intención de crear una obra de arte, pero conscientemente de que su realización tiene un fin terapéutico (como en el caso de la arteterapia) para que, de este modo, la obra sirva como canalizador de emociones y sentimientos.

Cuando se complican así las cosas, siempre vale la pena dar un vistazo a la historia, y definitivamente el movimiento Art Brutmerece un lugar importante ya que fue el primero en destacar la experiencia creativa, además de que dio un lugar a cada ser humano por lo que es capaz de crear considerando poco importante, si es o no, un artista reconocido o con formación académica.

El psiquiatra alemán Hans Prizhorn (1886 – 1933) publicó en 1922 su primer estudio detallado sobre las expresiones artísticas de pacientes internados en hospitales psiquiátricos. Prizhorn, que además había estudiado Historia del Arte mucho antes de formarse como psiquiatra, defendía la producción artística realizada por personas que no pertenecían a ningún círculo académico y que, por el contrario, eran marginados por su condición mental. Su interés radicaba en que consideraba esas obras como una expresión de los más puros impulsos y deseos de un ser humano. Partiendo de esta idea, Prizhorn comenzó a crear un puente entre la estética, la creación artística y la expresión del ser humano.

Después de la Segunda Guerra Mundial, el artista francés Jean Dubuffet (1901 – 1985) trabajó con las obras artísticas creadas por niños, pacientes en hospitales psiquiátricos y grupos sociales marginados o alejados de la cultura en Suiza, Francia y parte de Europa central. Su principal objetivo era conectar esta producción artística con el arte primitivo, partiendo de que ambas están libres de la normativa social. Fue así, que en el año 1945 acuñó el término Art Brut para representar en un movimiento artístico el arte producido por no profesionales, como lo es el arte de pacientes psiquiátricos, niños y presos. Sánchez-Carralero (2012) define de manera precisa la visión de Dubuffet de la siguiente manera:

La posición anticultural de Dubuffet conlleva no solo el apoyo incondicional al arte realizado por pacientes psiquiátricos, sino que le conduce consecuentemente a la defensa de cualquier obra artística realizada por individuos no profesionales, impregnados de la vida cotidiana y lejanos de los prejuicios, de las pretensiones y de la búsqueda del éxito[1].

Así, el artista es cualquier persona que desarrolle una actividad creativa sin estar influenciado por las reglas impuestas por los movimientos académicos y estéticos de moda o por la cultura. La obra nace de su más profundo sentimiento y es más impulsivo o pulsional que consciente. Su arte es un reflejo de las emociones y los sentimientos que emergen al momento de vivir la experiencia creativa, por ello el movimiento Art Brut, sirvió a todas las personas marginadas y no marginadas para utilizar el arte como medio de expresión.

Desde mediados del siglo XX el Art Brut sirvió a aquellas personas al margen de la sociedad (al menos en el medio artístico) para expresar sus emociones y sentimientos, por esta razón, interesó a artistas contemporáneos como Paul Klee, Kandinsky, Bretón, entre otros., y comenzó a ser objeto de atención e investigación por parte de la psiquiatría, psicología y psicoanálisis. Estas disciplinas se interesaron de inmediato porque parecía que a través de estas obras de arte podían acceder y entender los procesos psíquicos que forman parte del acto creativo y de la posible función terapéutica que tenía expresar o materializar nuestra experiencia subjetiva a través del arte.

En la actualidad, el movimiento Art Brut integra toda la producción artística de personas ajenas a la academia o instituciones del arte, y que no buscan reconocimiento o una retribución económica por su trabajo; simplemente hacen uso de su creatividad para expresarse, representar su realidad (o su ficción), como acto sublimatorio o como acto catártico.  Para el Art Brut, la creatividad del artista está condicionada por las experiencias que ha tenido a lo largo de su vida; su entorno social, la profesión u oficio que ha desempeñado, su motivación cuando trabaja, y cualquier conclusión que resulte del estado emocional en el que se encuentre. La obra en sí se vuelve un trabajo introspectivo y un proceso cognitivo. Sin embargo, para autores como Zinker (1932- ), es necesario estar conscientes y responsabilizarnos de nuestras creaciones para que estas puedan trascender de un modo terapéutico, de lo contrario, no estaríamos integrando la experiencia; el trabajo, y el proceso que realizamos para crear algo quedarían sin un lugar en nuestra vida psíquica.

Gracias a esta teoría, finalmente cruzamos el puente hacia lo que hoy conocemos como Arteterapia, pero para hablar de este enfoque, nos esperaremos al próximo artículo….

Al terminar este breve recorrido, me queda la sensación de que el arte es arte siempre, y así como no controlamos el contenido de nuestros sueños, tampoco podemos controlar lo que expresamos al crear; no importa si tu obra es producto de años de estudio o es el resultado de tu experiencia en un grupo de terapia, al final creo que lo único que cambia es la mirada con la apreciamos una obra y/o a nosotros mismos.

La tragedia nos introduce a la vida de alguien, y podemos ver cuán fácilmente la vida puede desmoronarse. Sientes lástima por el héroe trágico y miedo por ti, y sales del teatro con tu humanidad expandida, sin prejuicios, ya no eres moralista, ahora eres más amable, con tu corazón abierto porque ves que la historia del desafortunado Edipo, es semejante a la tuya. Que su ceguera es como nuestra ceguera, y, por lo tanto, una obra de arte puede hacernos un ciudadano del mundo, y puede abrirnos tanto nuestras mentes como nuestro corazón.

– Aristóteles, (sobre las tragedias griegas) c. 330 a.C

Carolina Valderrama López

carovalderrama@recursospsicológicos.com


[1] Sánchez-Carralero, R., & Sánchez-Carralero, N. (2012). Arte marginal y proceso creativo a partir del pensamiento de Jean Dubuffet. Arte, Educación y Cultura. Aportaciones desde la periferia. COLBAA: Jaén r